Durante más de treinta años trabajé detrás de un nombre. Primero Myssya, después Max Loarces. Nombres que construí con cariño, que asocio a proyectos que todavía me enorgullecen, a clientes que se convirtieron en algo parecido a amigos, a decisiones de diseño que hoy siguen en lineales de tiendas gourmet, en etiquetas de bodegas, en envases que alguien eligió por encima del de al lado.
Max Loarces no fue un error. Fue una etapa. Y las etapas, cuando se cierran bien, merecen un reconocimiento antes de pasar página.
Pero había algo que no encajaba desde hacía tiempo, y creo que en el fondo lo sabía. Detrás de Max Loarces siempre hubo una sola persona escuchando cada briefing, haciendo las preguntas incómodas, buscando el nombre que nadie había pensado todavía, construyendo la identidad que iba a durar. Una sola persona tomando cada decisión, cuidando cada detalle, firmando cada entrega.
Y esa persona tiene un nombre. El mío.
A partir de ahora trabajo como Max Loarces. No es solo un cambio de marca, es poner cara y nombre a lo que ya hacía. Es dejar de esconderme detrás de un nombre de estudio para decir con claridad: esto lo hago yo, con mis treinta años de experiencia, con mi manera de entender el branding, con mi criterio puesto al servicio de tu proyecto.
Lo que hago no cambia. Sigo trabajando en naming, identidad visual y packaging para bodegas, almazaras y productores de alimentos gourmet que quieren durar. Branding para marcas agroalimentarias que tratan el diseño como lo que es: una inversión estratégica, no un gasto estético.
Lo que cambia es la firma. Y creo que ya era hora de que esa firma fuera la mía.
Max Loarces es diseñador de branding estratégico en Madrid, especializado en bodegas, almazaras y marcas agroalimentarias. Naming, identidad visual y packaging para productores que quieren crecer sin perder lo que los hace únicos. Hablamos.
