Cada cierto tiempo un cliente me manda una captura de Pinterest y me dice «quiero estos colores, me encantan». Y cada vez tengo que explicar lo mismo: que me guste a mí, o a ti, no es el criterio.
Por qué el gusto personal es el peor punto de partida
Un color puede ser precioso y ser exactamente el mismo que usan tres competidores directos. Puede transmitir algo que no tiene nada que ver con lo que esa marca necesita comunicar. Puede funcionar en una pantalla y fallar por completo impreso en una etiqueta de vino o en el envase de un aceite.
El color no es decoración. Es la señal más rápida que recibe alguien antes de leer una sola palabra de tu marca.
El proceso que sigo antes de decidir un color
Reviso qué colores ya ocupa el sector. Si toda la competencia usa verde, no es una prohibición, pero sí una pregunta obligada: ¿qué gano y qué pierdo si uso el mismo código?
Pienso en dónde va a vivir ese color. Una pantalla retroiluminada y una etiqueta impresa en papel estucado reproducen el mismo Pantone de forma distinta. El color se elige pensando en su aplicación final, no en cómo se ve en un moodboard digital.
Compruebo el contraste y la legibilidad, no solo la armonía. Una paleta bonita que no deja leer el nombre de la marca a dos metros de distancia en una estantería ha fallado en lo más básico.
Reservo un color de acento, no varios. Las marcas que intentan comunicarlo todo con color suelen acabar sin comunicar nada con claridad.
Lo que un color bueno consigue
Que alguien reconozca tu marca en una fracción de segundo, antes de leer el nombre. Ese reconocimiento no se consigue por gusto, se consigue por criterio: entender qué necesita comunicar esa marca en concreto, y elegir el color que lo hace mejor que cualquier otro.
Si tu marca eligió el color por una captura de Pinterest y no ha vuelto a revisarlo desde entonces, puede que sea buen momento para hacerlo. Puedes ver ejemplos de cómo trabajo esta decisión en mi portfolio.
¿Tu color de marca se eligió por gusto, o por lo que necesitaba comunicar?
