El coste real de rediseñar una marca dos veces

Es un patrón que veo repetirse con más frecuencia de la que gustaría: una bodega familiar rediseña su marca, y dieciocho meses después ya está planteándose repetir el proceso entero.

No hablamos de un cambio de color ni de un ajuste menor. Hablamos de empezar de cero otra vez: nombre nuevo, etiqueta nueva, web nueva. Año y medio después de haber pagado por exactamente eso.

Cuando se investiga qué ha fallado, la respuesta casi nunca es «no nos gustaba el diseño». Es una lista de síntomas: la etiqueta no se lee bien impresa en la propia máquina de la bodega, así que en cada tirada hay que retocar algo. El nombre elegido ya lo usa, con matices, otra bodega de otra denominación de origen, y empiezan a llegar correos confundidos. Y nadie, en ningún momento del proceso anterior, preguntó cómo hablaban los clientes cuando pedían ese vino en un restaurante.

Ese es el patrón que veo una y otra vez cuando alguien llega tras un primer rediseño fallido. No es un problema de mal gusto. El resultado, de hecho, casi siempre es bonito el día de la entrega. El problema es que nadie investigó antes de diseñar: ni el sector, ni la competencia, ni cómo iba a vivir esa marca fuera de la presentación en PDF.

Operario revisando una botella de vino con la etiqueta en blanco en la línea de embotellado de una bodega

Lo que se ahorra saltándose la investigación, y lo que cuesta después

Investigar antes de proponer nada no es glamuroso. No hay una diapositiva que enseñar diciendo «aquí comparé cómo hablan tres competidores en Instagram». Es trabajo silencioso, y por eso es el primero que se recorta cuando alguien quiere entregar rápido.

El problema es que ese recorte no se nota el día de la entrega. Se nota dieciocho meses después, cuando la etiqueta no funciona en la máquina de producción, cuando el nombre choca con otra marca, cuando la web no sabe explicar en qué se diferencia esa bodega de las cien que hay en la misma denominación de origen.

Rediseñar una marca una vez es parte normal de la vida de cualquier negocio: crece, cambia de rumbo, decide reposicionarse. Rediseñarla dos veces en menos de dos años casi siempre significa que la primera decisión se tomó con prisa, y que ahora hay que pagar dos veces por el mismo trabajo: una vez mal hecho, otra vez bien.

Por qué mi proceso empieza siempre igual

Por eso mi proceso empieza siempre igual: antes de proponer un solo boceto, dedico las primeras semanas a mirar. El producto, la web anterior si la hay, cómo habla la marca de sí misma en redes, y cómo hablan dos o tres competidores directos de la misma denominación. De ahí sale el verdadero problema, casi nunca el que el cliente cree tener, y también la solución, que rara vez es «más bonito» y casi siempre es «más propio y más resistente».

Esa fase no aparece en ninguna diapositiva vistosa del entregable final. Pero es la que evita que dentro de dos años haya que volver a llamar a alguien para arreglar lo que la prisa no dejó ver.

Trabajo con bodegas, almazaras y marcas de alimentación premium que entienden el diseño como una decisión estratégica, no como un trámite que se resuelve rápido. Si tu marca actual no ha pasado por ese proceso, o si ya la rediseñaste una vez y sigues sin estar seguro de que aguante, hablemos.

No te pierdas ningún artículo

Te escribo cuando tengo algo que aportar sobre marca, naming y diseño editorial. Nada de boletines vacíos.

Al suscribirte aceptas nuestra Política de Privaciadad

DISEÑADOR

Max Loarces

CATEGORÍA

FECHA

Scroll al inicio
recurso 2max loarces
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.